La inferencia más acorde con los datos poseídos es que Madrid fue fundada en la segunda mitad del siglo VII, posiblemente bajo el reinado del rey Wamba (672-683) como punto fortificado que defendiera a Toledo por el norte. Dado que para entonces el imperio godo y los vascones estaban empeñados en una guerra sin fin, es plausible sostener que debieron de ser prisioneros vascones reducidos a esclavitud los primeros pobladores, pues aquel orden político y económico era esclavista, como se observa al estudiar su norma legal más importante, el Liber Iudiciorum.
Se pueden aventurar algunas precisiones más sobre el origen de Madrid a partir de los datos de la historia. Dado que Wamba reforzó y hermoseó Toledo hacia el año 675, muy probablemente sea ésta la fecha en que se ultimó asimismo la primera cerca madrileña, aunque los cautivos vascones debían vivir allí, probablemente, desde unos dos decenios antes, cuando la contención de su gran ofensiva en el año 653.
Tuvieron que ser éstos los que, además de dar nombre al asentamiento militar, levantaron la primera muralla, en piedra de pedernal, que aparece debajo de la islámica, en roca caliza, cuyos dos niveles aún hoy se observan perfectamente en los lienzos conservados, a pesar de la destrucción a gran escala del patrimonio histórico madrileño, perpetrado sobre todo bajo el franquismo, tan “patriota” él.
Estos argumentos han recibido una confirmación significativa, aunque por el momento no completa, con los hallazgos de los trabajos de excavación dirigidos por Esther Andréu, que se dieron a conocer a comienzos de 2011. En el núcleo más antiguo de la villa, donde estuvo el alcázar y hoy se yerguen el palacio y la catedral, se han encontrado edificaciones y restos óseos humanos fechados en el siglo VIII y calificados de visigodos, lo cuales prueban que Madrid existía al menos un siglo antes de su supuesta fundación por las autoridades andalusíes.
Tal es un paso de gigante hacia un mejor conocimiento de los orígenes de Madrid, en oposición a las filias de una derecha y una izquierda que cada día sacrifican con más descaro la verdad histórica a sus intereses políticos estratégicos, para lo cual no dudan, igual que hizo el franquismo, en disminuir e incluso negar del todo a actores fundamentales de nuestra historia para exagerar y magnificar el hacer de otros.
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