El libro de las mentiras.

Gracias a la dedicación de Frank G. Rubio, Valdemar publica la obra clave de Aleister Crowley.

“Explica tu nieve a los de Andamán” A.C.

 Por fin tenemos los lectores españoles una edición de El libro de las Mentiras (1913). Gracias a la dedicación de Frank G. Rubio, uno de los sobrinos favoritos del Tío Alick, Valdemar ha publicado en su colección Intempestivas esta obra a la que acompañan Konx Om Pax y El Equinoccio de los Dioses, epígrafe éste bajo el que se integran el celebérrimo Libro de la Ley y el Genesis Libri Al, texto entre autobiográfico e iniciático que narra el ambiente en el que surgió el evangelio del Nuevo Eón. En definitiva, un panorama muy atractivo del mundo de la Bestia 666 que se une al volumen editado por el mismo compilador en la misma casa: El Continente Perdido. Para los adeptos de Thelema sería de agradecer que Magick, su gran tratado de Magia, y el Libro de Thot, se reeditaran pronto y bien, tarea para la que el equipo que ha facturado este volumen parece más que idóneo.

Difamado, perseguido, maldito, brillante, Crowley es el personaje central del ocultismo europeo del siglo XX. A él se debe una potente y profunda transformación en las artes mágicas, que pasan de un ritualismo vacío de corte masónico, es decir: aburrido, a hospedar toda la potencia vital y mortífera de los ritos orientales, desde el Tantra hasta el sufismo, pasando por el Yoga, el taoísmo y un largo etcétera de vías que este peregrino apasionado recorrió y, seguramente, también extravió, pero que resultó fértil y regeneradora muchos años después de su muerte, cuando su legado se convirtió en uno de los polos del neopaganismo actual. Crowley nunca se negó a participar en cualquier viaje que le prometiera recalar en tierra incógnita, y zarpaba sin mapas, a bordo del frágil esquife de su curiosidad, en búsqueda de continentes perdidos y de no escasos maelstroms. Pocas personas han pasado por experiencias más diversas y potentes; por eso es Crowley siempre interesante.

El Libro de las Mentiras no desmiente nuestra curiosidad: sus capítulos son fulgurantes, a veces ligeros, a veces densos, y manifiestan el trabajo mental de una alta inteligencia que resplandece en momentos de gran poesía, quizá la más hermosa que haya salido de la pluma de Crowley. Creo que se trata del mejor texto para aquel que quiera introducirse en el pensamiento de la Bestia 666, pues hay en él mucha sabiduría sintetizada por un hombre en pleno vigor de su primera madurez, tenía treinta y ocho años en 1913, donde se trasluce su peculiar comprensión del sufismo, del taoísmo y del budismo, pero, sobre todo, donde esplende un gnosticismo desbocado, como no se había visto en Europa desde el Bajo Imperio. Gnosis, esa es la palabra que mejor define este sorprendente Libro de las Mentiras.

El siguiente tratado, Konx Om Pax, es un conjunto de relatos entre los que no puedo dejar de recomendar el maravilloso Thien Tao, o la Sinagoga de Satán, cuyo primer apartado tiene el sugerente título de Decadencia de las formas, y del que extraigo perlas como: “una canalla educada pretende que todo sea lógico” o la Balada con la que el sabio Kwaw es recibido en Japón. No se pierda el lector piezas como La mezquita embrujada y El rabí incomprendido. Sabiduría y sorna cabalgando juntas, como siempre en Crowley.

El Libro de la Ley no es en realidad su libro, sino un dictado, el mandato de un Djinn que se apareció a Crowley y a su Dama Escarlata en El Cairo en marzo de 1904. Los textos recopilados en esta edición permiten hacerse una idea de qué circunstancias rodearon a esta obra singular. Más vale no seguir y dejar que el lector curioso se sumerja en la ley de Thelema, pero con una advertencia que cierra la obra: El necio que lea este Libro de la Ley y su comentario nada entenderá.

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