Abel Santos, poeta:

Cualquier material me vale para hacer poesía. No conocer a mi padre biológico fue uno de los motivos de lanzarme a la escritura

ABEL_SANTOSAbel Santos (Barcelona, 1976) es un poeta de raza con una voz profundamente personal que recoge influencias variadas que oscilan entre la cultura popular, el realismo sucio y la filosofía oriental. Acaba de publicar su tercer libro de poemas «Todo descansa en la superficie» (Ediciones Vitruvio). Hoy cruzaremos ocho preguntas con él.

Fernando López: ¿Siempre poesía? ¿Hay algo en ella que la convierte en una amante exclusiva y exigente?

Abel Santos: Me considero ante todo poeta, y autobiográfico. Cuando era más joven escribía muchos relatos fantásticos huyendo de mi dura realidad. Una vez superado el pudor de mi familia a contar mi historia, incorporé la narración a mi poesía. Como dice Enrique Vila-Matas, la poesía es la más alta cota de la narrativa. Y estoy totalmente de acuerdo con él. En mi caso soy muy exigente al escribir un poema que trate sobre algo que he vivido. Es un trabajo de precisión contar, por ejemplo, una experiencia cotidiana o una historia de amor en apenas 15 o 20 versos.

FL: Tu nuevo libro llega después de un tiempo de silencio. ¿Ha respondido a una necesidad vital deliberada o a otras vicisitudes editoriales? ¿Debe el escritor recluirse a veces?

AS: En comparación con los doce años de distancia que hubo entre mi primer libro y el segundo, tres años han sido suficientes para dejar atrás ciertos fantasmas del pasado, o al menos evocarlos sin temor. Después de mi anterior poemario, El lado opuesto al viento, que fue escrito prácticamente en las barras de los bares que frecuentaba, se puede decir que ha sido necesario «recluirme» de ese mundo para ofrecer una poesía diferente en mi nuevo libro. También hay que decir que me ha costado dar con el editor adecuado que supiera entender mi propuesta. Agradezco a Pablo Méndez su apuesta por mi poesía.

Todo escritor debe alternar momentos vivenciales con momentos de aislamiento.

FL. En tu obra encontramos unas referencias culturales muy variadas, tan eruditas como populares. Es un rasgo que podemos encontrar en autores como Luis Alberto de Cuenca. ¿Cómo se combinan tales elementos en un mismo poema?

AS: Bauticé mi poesía como realismo bastardo precisamente por ello, porque mi poética tiene mucho del monstruo de Frankenstein, por no tener una fuente de identidad o pertenecer a un movimiento literario definido. Tanto valor tiene el material literario sacado de la diversidad de otros autores y que puedo utilizar como citas o referencias, como también lo tiene el material no-literario, perteneciente al mundo del cine, del cómic, de la música, de las coincidencias o de un cartel protesta que veo en una manifestación. El ser humano tiene dos necesidades paralelas que el artista debe combinar en su obra: la inteligencia y la vulgaridad.

FL: En tus citas es frecuente encontrar citas de otros autores. ¿Cuál de ellos te ha marcado especialmente? ¿Qué libro te llevarías a una isla desierta?

AS: Roger Wolfe es sin duda un referente para mí. Su descubrimiento, me hizo saber que no estaba solo en el mundo. Su más de una década como abstemio es una referencia clara para animarme a llevar una vida sobria en la que me mantengo ya desde hace 5 años. En lo técnico, leer su obra me ayudó a desprenderme de esa costra de la lírica clásica y me empujó a querer mostrar sin vergüenza los poemas de mi larga época de excesos que guardaba en un cajón.  A una isla me llevaría un grueso cuaderno en blanco para escribir sobre la experiencia. Elegir un título en concreto sería como irse de viaje a unas vacaciones pasivas y yo asocio la isla como un sitio donde uno va a morir, a reinventarse.

FL: Muchos autores expresan quejas por la complicación en publicar, la falta de respuesta de los medios de comunicación, del público. ¿Son, como reza el tópico, malos tiempos para la lírica?

AS: Publicar es complicado. Ahora mismo parece haber una saturación de obras y es que hay más escritores que nunca. Pero tenemos las redes sociales, los blogs… Esperar ser publicado es también un bloqueo.  Yo aconsejo contra el bloqueo de escritor el blogeo de escritor. Es un buen escaparate para el mercado. A mí me han salido propuestas interesantes de editores que me han conocido por internet.

FL: Defines tu obra con un neologismo de propio cuño: realismo bastardo. ¿En qué consiste?

AS: Como decía antes la base de mi poética es que no hay base ninguna. Cualquier material literario o no-literario, me vale para hacer poesía. No conozco a mi padre biológico y eso fue uno de los motivos de lanzarme al misterio de la escritura. Realismo porque mis poemas se basan en la historia de mi vida principalmente. Bastardo porque no he tenido mentor, y los pocos que han ocupado ese puesto, han renegado de mí, me han traicionado, como hizo mi padre. Llámame clásico, pero es así. El bastardo tiene el poder, el deber, de hacerse a sí mismo.  Y aunque mi poesía bebe principalmente de la poesía de la experiencia y del realismo sucio, todos los editores que he tenido coinciden en que no me parezco a nadie. 

FL: No se aleja tu obra de cierta crítica social. ¿Tiene la poesía un papel en los tiempos que corren o, como dice Mark Strand, el escritor poco puede hacer salvo coger la metralleta?

AS: Soy crítico social. Pero a diferencia de los poetas sociales, con todo mi respeto hacia ellos,  no soy un agitador de masas, sino que miro el mundo a cierta distancia, como un ciudadano solitario. En este libro soy un observador que se sienta con un cigarrillo en la ventana de su casa o en un banco de la plaza y escucha, contrasta, los razonamientos que recibe del mundo y cómo no son afines a la vida que en realidad está viviendo. Parece que sea poco lo que la poesía puede hacer viendo la miseria, la fe hipócrita que empuñan los fieles de las distintas religiones, la política e incluso los escritores.  El mundo se nos vende cada vez más sofisticado, más civilizado y más profesional, cuando en verdad es una puñalada trapera y un insulto a la inteligencia. En realidad es muy sencillo si te atreves. Coges la metralleta del otro, que seguramente será falsa, la conviertes en un rifle de verdadera munición y la usas contra él.

FL: Por último la marca de la casa… ¿Por qué escribe Abel Santos?

AS: Volvemos a mis raíces. Escribir es para mí una cuestión de identidad. Desde que era niño mi madre y mis hermanos me hacían ver que yo mostraba expresiones que decían eran de mi padre, al que como he dicho no conozco. Y así, como cuando me miraba al espejo para estudiar el misterioso rostro de mi origen, del mismo modo me estudio sobre el papel en blanco

 

Nuestro experto:

Fernando López Guisado (Madrid, 1977) combina la escritura, la divulgación cultural y la reseña literaria con la Imagen Radiológica. Ha publicado: Aromas de Soledad, El Altar de los Siglos, Porque nunca fue suyo, La Letra Perdida (2ª edición 2014, edición ecuatoriana 2015 en El Quirófano Ed.), Rocío para...
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One comment on “Abel Santos, poeta:
  1. Oscar dice:

    Me parece una entrevista directa y las respuestas, Abel en estado puro. Enhorabuena a ambos.

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