El tiempo que nos faltaba (Cosmología de andar por casa)

En un universo de pura energía, sin materia…¿Es posible que el tiempo sea un sistema de suma cero? Al autor le parece que sí

tiempoVoy a hablar hoy del componente que nos faltaba en la construcción teórica de ese universo inmaterial en el que no terminaba de encajar el concepto de “tiempo”. 

Pues bien, con un poco de suerte y apelando a mi completa ignorancia sobre los hechos y conocimientos que, seguro, hacen que los próximos párrafos sean un completo despropósito –ventajas de la ignorancia, que alguna habría de tener – parece que la cosa puede terminar de encajar.

Vamos a por el cuaderno y a tirar de memoria de otros artículos, que la cosa promete. Aquellos de vosotros que tenéis la paciencia y fortaleza mental para seguir estas especulaciones, es posible que os acordéis de aquella espuma cuántica surgida de las irregularidades superficiales que facilita la infinitesimal escala de los fractales llevados  hasta su máxima expresión.

¿De qué escala estábamos hablando? Efectivamente: de lo infinitamente pequeño; de ese espacio en el que el átomo, si utilizáramos una proporción conocida, se presenta como una construcción física del tamaño de un sistema solar. Es el reino en el que actúan las dos fuerzas que no podemos observar cotidianamente: la fuerza nuclear fuerte y la débil; aquellas que dan coherencia a las partículas formadoras del átomo.

Pues bien, en esa espuma cuántica, en la escala en la que es posible encontrar aquella singularidad primigenia de la que se origina todo, el tiempo tiene un comportamiento que, al menos en teoría, le permite hacer algo que le está vedado en la escala de lo más grande y que hace de él una dimensión única y especial: la posibilidad de retroceder. Efectivamente, la realidad aparente de nuestro mundo determina una relación muy singular entre el espacio y el tiempo, de manera que no podemos concebir el uno sin el otro. Percibimos el tiempo en función de movimientos espaciales: del sol sobre el horizonte; de la tierra en su desplazamiento alrededor del sol o de cualquier espacio recorrido a cualquier velocidad. Somos incapaces de imaginar un tiempo que no esté ligado a la medida de un espacio recorrido a una velocidad determinada.

Hasta aquí, podemos estar más o menos de acuerdo teniendo en cuenta de que eso de la espuma cuántica requiere una fe muy concreta y definida, pero más o menos, la cosa cuadra. Tenemos un tiempo ligado a un espacio recorrido en una velocidad determinada. Perfecto: si quitamos el espacio y la velocidad es cero, ¿que nos queda? Un tiempo inexistente o infinito. Nos sirve lo inexistente como concepto equivalente al cero, pero no nos sirve el infinito, que implica y contagia al sistema la necesidad intrínseca de un espacio y una velocidad, por mucho que el valor sea indeterminado o cercano a cero. No, necesitamos algo más, necesitamos que la SUMA DEL TIEMPO POSTIVO Y EL TIEMPO NEGATIVO SEA CERO y eso, para nuestra forma de entender la realidad, se hace muy complicado, de ahí lo adecuado de la espuma cuántica a la que debemos volver.

El tiempo, en nuestra realidad, es un concepto que no admite el retroceso, la existencia de valores negativos: siempre avanza, siempre suma, nunca retrocede y hace de eso un principio básico de muchas construcciones teóricas que nos aseguran que no es posible viajar hacia atrás en el tiempo. Incluso permite jugar con la idea de que, si alguna vez la fuerza de la gravedad consigue que el universo vuelva a contraerse, es posible que el tiempo, unido a un espacio en contracción, retroceda también. Como juego, divertido, pero no nos evita la realidad: el tiempo solo avanza, no retrocede. Ahora bien: si descendemos al mundo cuántico, a esa espuma de irregularidades, si es posible observar cómo el tiempo, en pura teoría, toma valores negativos. ¡Bingo!. Ya tenemos un tiempo que resulta de la existencia de un espacio que, al avanzar le otorga valores positivos y al contraerse o desaparecer, le otorga valores negativos, o lo que es lo mismo: tenemos un sistema en el que la suma cero es posible y que, unido a la concepción hecha en su momento de un sistema de altísima energía cuya entropía es máxima y cuya tasa de traslación de energía a materia es cero, nos permite concebir un universo inmaterial y atemporal como máxima expresión de la realidad; algo completamente ajeno a nuestra experiencia física del día a día.

Vamos, que redondo, queda redondo: otra cosa será que sea verdad, pero eso no lo espero. Ni de coña, vamos.

Hay que ver lo que dan 20 minutos esperando a la comida de los lunes. ¡Una maravilla!.

 

 

Nuestro experto:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*