España se queda sin niños

Sin legislación adecuada ni guarderías públicas, la mujer ha de elegir entre una vida laboral sin hijos o supeditarse a la pareja

CUADRO_NATALIDADAsí, sin rodeos, sin alharacas, sin escándalos. Simplemente los niños desaparecen y nuestro futuro se esfuma con ellos. No es algo deseado, sino que se ha convertido en una opción poco menos que imposible en el horizonte de muchas parejas que se ven inmersas en un caos social del que tardaremos -si lo hacemos algún día – en recuperarnos.

Por encima de análisis políticos, discursos grandilocuentes y otras grandes palabras, las parejas, en España, no tienen dinero ni futuro como para aceptar a los niños en ese negro horizonte. La pirámide poblacional es cruel, mucho más cruel que cualquier otro acercamiento y nos pone frente a una sociedad enferma, envejecida y sin futuro, si seguimos en este camino.

Se puede objetar que siempre ha sido así, que siempre ha habido dificultades y sin embargo, las familias se abrían a los “designios divinos”, pero las cosas han cambiado y nadie quiere, para sus propios hijos, un porvenir más oscuro de lo que sus padres disfrutaron. Las parejas, hoy, eligen, y hacen bien. Llegados a una cierta estabilidad laboral y económica -sólo cierta en los casos más afortunados – analizan sus situaciones y la decisión se impone a todo deseo.

Las mujeres son pieza de caza en cualquier dinámica empresarial a la baja y si muestran la debilidad de querer embarazarse, ser madres recientes o cualquier veleidad semejante, son las primeras en salir o las últimas en contratar. Sin ayudas, sin una legislación laboral adecuada y sin guarderías públicas, las mujeres se ven frente a dos opciones impropias: apostar por su vida laboral sin tener hijos o supeditar su futuro al trabajo de la pareja.

Con los emigrantes retornados se va una gran parte de los niños nacidos en los últimos años mientras nuestras parejas envejecen camino de un vacío que nos dejará a todos a los pies de la condena de tener que trabajar hasta morir.

Y lo peor es que seguimos sin darnos cuenta de que la actividad más apoyada, subvencionada, protegida y mimada, hoy, debería ser la maternidad. Lejos de proteger a la mujer, la estigmatizamos y la condenamos a multiplicarse en su papel de “súper woman” o a seguir supeditada al varón, posible sueño oculto de algunos de nuestros actuales mandatarios.

La hemos liado, seguimos empeñados en liarla aún más gorda y mientras tanto, nuestros niños siguen perdidos en el limbo de los deseos imposibles. Su ausencia se convertirá en nuestra condena.

 

 

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