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Dentro de la microbiota

Microbiota y microbioma no son lo mismo, aunque solemos entender ambos términos como sinónimos. La microbiota consiste en el conjunto de microorganismos que se encuentran presentes en el organismo, mientras que el microbioma se define como el genoma de la microbiota. En otras palabras, el microbioma es el patrimonio genético del conjunto de microorganismos que se encuentran presentes en el organismo.

Dentro de la microbiota, la más conocida es la intestinal, también llamada flora intestinal, compuesta por el conjunto de microorganismos, fundamentalmente bacterias, pero con presencia de virus y hongos, que viven e interactúan con el intestino, regulando las funciones esenciales, como las relacionadas con el eje intestino-cerebro. Aparte de la archiconocida microbiota intestinal, existen otros tipos de microbiota, como pueden ser la microbiota oral o cutánea, de las cuales hablaremos más adelante.

La función de la microbiota es variada, desde proteger el ataque por parte de las bacterias nocivas para la salud hasta ayudar a controlar las funciones fisiológicas. Cada tipo de microbiota desempeña una serie de funciones concretas y específicas, todas y cada una de ellas relacionadas directamente con la salud.

De manera que la microbiota es la comunidad de microorganismos desarrollados en un ambiente o área específica, como el tracto gastrointestinal, y el microbioma, el conjunto de los genomas de dichos microorganismos. Para que nos entendamos, la microbiota constituye la población, siendo el microbioma el patrimonio genético de dicha población. Equivalente a la población humana y el genoma humano. Tener presente esta diferencia permite comprender las interacciones que se llevan a cabo entre huésped y microorganismos residentes, así como el impacto que tienen estas interacciones en la salud.

Un microbioma sano es el resultado de una microbiota equilibrada, como veremos más adelante. Algo que se puede lograr con ayuda de los probióticos, prebióticos o postbióticos, entre otros aspectos.

Microbiota intestinal, una gran comunidad

Para la mayoría de entendidos en microbiota, la intestinal es la esencial. Una compleja comunidad de microorganismos que habita en el intestino, compuesta fundamentalmente por bacterias, acompañadas por microorganismos como virus y hongos. Por norma general, tendemos a pensar que las funciones que desempeñan estos microorganismos son meramente digestivas, cuando la realidad es bien distinta. Como nos explican quienes conocen a fondo el mundo de la microbiota en Probactis, cuyo lema es «Protege tu microbiota, cuida tu salud».

Las funciones que realizan estos microorganismos en el intestino son de diversa índole, como la fermentación de ciertos alimentos que no son digeribles, la síntesis de vitaminas y ácidos grasos de cadena corta y la protección frente a la proliferación de los microorganismos dañinos para el organismo. La composición de la microbiota es única y diferente en cada persona, pudiendo estar influenciada por factores como la genética, la alimentación, el uso de antibióticos, el estrés y el estilo de vida.

La microbiota intestinal juega un papel indispensable en la salud general. Ha quedado ampliamente demostrado que su implicación en el sistema inmunitario, la absorción de nutrientes, la protección frente a patógenos y el mantenimiento de la integridad de la barrera intestinal es esencial. Siendo así, es fácil comprender lo que puede suponer un desequilibrio en la microbiota. Este desequilibrio se conoce como disbiosis y se asocia a enfermedades como la obesidad, la enfermedad inflamatoria intestinal, la diabetes tipo 2, enfermedades autoinmunes, trastornos del estado de ánimo y SIBO.

Los factores que afectan a la microbiota intestinal, como ya comentamos anteriormente, son:

  • Alimentación. Una dieta rica en fibras y alimentos fermentados promueve una microbiota intestinal diversa y saludable.
  • Uso de antibióticos. Estos medicamentos pueden alterar la composición de la microbiota intestinal, provocando desequilibrios temporales o duraderos, por lo que es imprescindible saber cuál tomar, la dosis y la duración del tratamiento.
  • Estrés. Cuando es crónico, puede influir en la composición de la microbiota intestinal, afectando de forma negativa a la salud.
  • Estilo de vida, donde factores como el sedentarismo o el tabaquismo pueden tener un impacto negativo en la microbiota intestinal.

Para tener una microbiota saludable y equilibrada, se puede recurrir a los probióticos, microorganismos vivos que, en cantidades correctas, aportan numerosos beneficios al organismo. Así mismo, los prebióticos, sustancias orgánicas, como las fibras, estimulan el crecimiento de las bacterias buenas que conforman la microbiota. En el caso de los postbióticos, se trata de elementos solubles que pueden proporcionar excelentes beneficios a nivel fisiológico.  El estilo de vida y una alimentación correcta son inevitablemente claros influyentes de la salud y el buen estado de la microbiota intestinal.

Como ya comentamos párrafos atrás, existen en el cuerpo diversos tipos de microbiota, más allá de la intestinal. De hecho, la microbiota se encuentra en prácticamente todo el cuerpo. Más del setenta por cien se encuentra en el tracto gastrointestinal, de ahí su mayor relevancia, aunque está presente en la piel, el cabello, la cavidad oral, los genitales y diferentes partes de las vías aéreas, como las fosas nasales y el canal auditivo externo.

Aparte de la importancia que posee la microbiota intestinal, la oral juega por igual un papel bastante relevante. Todo esto sin desmerecer la importancia que posee la microbiota en general. En la boca, la diversidad microbiana, compuesta por bacterias, arqueas, virus y hongos, coexiste en un equilibrio de lo más delicado. La microbiota oral contribuye a la salud bucal, jugando un papel esencial en funciones como la masticación, la digestión de los alimentos y la protección frente a los diversos patógenos. Un desequilibrio en esta comunidad puede favorecer problemas bucales como la caries, la enfermedad de las encías e, incluso, enfermedades sistémicas. No en vano, la boca es el inicio del sistema digestivo. Aquellas personas que tienen una mala salud bucal tienen mayor predisposición a padecer enfermedades intestinales, del mismo modo que aquellas que sufren problemas intestinales tienden a padecer problemas bucales.

Cuidando la microbiota se obtienen beneficios

Sobra decir que la microbiota desempeña un papel esencial en nuestra salud. Hay que cuidarla y mantener su equilibrio en estado óptimo, con ayuda de los aspectos previamente citados. Los probióticos son los aliados principales de ese equilibrio tan necesario. Los expertos en salud y microbiota aconsejan recurrir a los probióticos, pero siempre, con un seguimiento, dosis y tipo adecuado. No todos los probióticos son iguales y, al tratarse de microorganismos vivos, hay que consumirlos en cantidades adecuadas para obtener los mejores beneficios.

El papel de la alimentación es clave en el mantenimiento de una buena microbiota. Adquirir unos hábitos saludables siempre conlleva beneficios para la salud, por lo que un consumo adecuado de fibra, procedente de frutas, verduras, legumbres, granos enteros y frutos secos, ayuda a mantener ese equilibrio. Los prebióticos, componentes de los alimentos que no son digeridos, estimulan el crecimiento y la actividad de los microorganismos que son beneficiosos para el intestino. Algunos alimentos ricos en prebióticos son la alcachofa, la cebolla, los espárragos y los plátanos verdes.

Evitar el exceso de azúcar y el consumo de alimentos procesados es fundamental, ya que un consumo excesivo puede alterar la composición de la microbiota, lo que favorece el crecimiento de microorganismos perjudiciales, pudiendo generar disbiosis.

Encontrar el equilibrio en los diferentes tipos de microbiota presentes en el cuerpo es esencial para que gocemos de buena salud. Cada microbiota tiene sus propias funciones en el organismo, por lo que un equilibrio adecuado garantiza un funcionamiento óptimo. En el caso contrario, una microbiota desequilibrada se puede asociar a diversas enfermedades, como pueden ser trastornos digestivos, enfermedades metabólicas, autoinmunes o trastornos del estado de ánimo.

En resumen, las funciones de la microbiota son las siguientes:

  • Ayuda en la digestión, con un papel fundamental a la hora de descomponer los alimentos, absorber los nutrientes, procesar sustancias beneficiosas como los polifenoles y regular los ácidos biliares.
  • Producción de vitaminas, como la vitamina K, esencial para la coagulación sanguínea y la salud ósea, o las vitaminas del grupo B.
  • Estimula y promueve el desarrollo del sistema inmune, siendo esencial a la hora de proteger el organismo frente a patógenos, fortaleciendo barreras como la capa de moco intestinal, produciendo sustancias antimicrobianas y estimulando el sistema inmunitario frente a las infecciones.
  • Comunicación con todo el organismo. La microbiota es clave en la comunicación existente y necesaria entre intestino y cerebro, influyendo igualmente en órganos como el hígado, los riñones, el corazón y los ojos. Lo que denota su importancia en diferentes aspectos de la salud.

Algunos de los factores que influyen en el desequilibrio y composición de la microbiota son el tipo de alimentación, alta en proteína animal, baja en fruta y verdura; la toma de medicamentos; el lugar donde se vive; el tipo de parto; la genética y el sistema inmune; la edad; el estrés y los cambios en el estilo de vida, el sexo y las hormonas.

Todos estos factores influyen de forma negativa en la microbiota, llevando al desequilibrio de la misma, con las consiguientes patologías o molestias asociadas. Por lo que mantener una microbiota en buen estado y equilibrada es esencial para tener buena salud y prevenir problemas digestivos. Un enfoque integral en el que se incluyan una dieta adecuada, ejercicio, manejo del estrés y probióticos es la mejor forma de mantener la microbiota en equilibrio y disfrutar de una vida más saludable.

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