Se calcula que 1 de cada 3 niños entre los 3 y los 6 años tienen caries y que un 48% de los menores de 10 años tienen gingivitis. La salud dental en la infancia es un tema de capital importancia. No podemos pensar que en los niños, porque tienen la dentadura de leche, sus problemas dentales van a desaparecer por sí mismos. Al contrario, muchos de estos problemas influyen en el desarrollo de la dentadura adulta.
La caries y la gingivitis en la infancia no aparece solo porque coman chuches. Hay una serie de factores biológicos que hacen que la boca de los niños sea más sensible que la de los adultos. La primera de ellas es que el esmalte dental de los dientes de leche es menos fuerte que el de la dentadura definitiva y, por tanto, sus dientes son más sensibles.
Por otro lado, la dentadura de los niños es una dentadura en desarrollo. La dentadura provisional se sustituye por la definitiva y la boca del niño se está preparando para albergar una mayor cantidad de piezas dentales. Por tanto, su boca es más vulnerable.
Es tal la particularidad que tiene la boca de los niños, que existe una especialidad en la odontología que se dedica a su tratamiento, los odontopediatras.
Los padres nos preocupamos por la educación y por el cuidado de nuestros hijos. Esto incluye la salud dental. Como dice la doctora Lucía Mourín, que dirige Smile Me, una clínica de Alcobendas (Madrid) que tiene una sección dedicada en exclusiva para los niños, Smile Me for Kids, “Para los padres lo más importante es ver a nuestros hijos sanos, fuertes y sonrientes”. Y esto, desde luego incluye su cuidado dental.
Estas son las enfermedades dentales que más suelen padecer los niños.
La caries en la infancia.
La caries es la afección bucodental más frecuente en la infancia. Se estima que alrededor de un 31% de los niños menores de seis años presenta caries en uno o varios dientes, lo que pone de manifiesto la importancia de la prevención desde edades tempranas. No se trata solo de un problema puntual: si no se trata a tiempo, puede causar dolor, infecciones y afectar al desarrollo de la dentadura definitiva. A nivel global, organismos como la Organización Mundial de la Salud señalan que entre el 60% y el 90% de los escolares experimentan caries en algún momento.
La caries se desarrolla de forma progresiva. Todo comienza con la formación de placa bacteriana, una capa pegajosa que se adhiere a los dientes. En ella se acumulan restos de alimentos, especialmente azúcares y almidones, que sirven de alimento a las bacterias. Estas bacterias generan ácidos que atacan el esmalte dental, debilitándolo poco a poco. Si no se elimina la placa mediante una correcta higiene, puede endurecerse y convertirse en sarro, lo que dificulta aún más su eliminación.
A medida que avanza, la caries atraviesa el esmalte y llega a la dentina, una capa más blanda. Desde ahí continúa su progresión hasta alcanzar la pulpa, donde se encuentran los nervios y vasos sanguíneos. Es en este punto cuando aparecen el dolor y la inflamación. En casos más graves, la infección puede extenderse hasta la raíz del diente o incluso afectar al hueso.
Como dice la revista Mediline Plus, este problema suele aparecer con mayor frecuencia en los molares, ya que tienen más surcos donde se acumulan restos de comida. La infección puede propagarse a dientes cercanos, afectando a varias piezas a la vez. Por eso es fundamental tratar incluso los dientes de leche, ya que su pérdida prematura puede alterar la posición de los dientes definitivos.
La gingivitis infantil.
En España, se estima que cerca del 45-50 % de los niños presenta signos de gingivitis en algún momento, lo que la convierte en uno de los problemas bucodentales más frecuentes en la infancia. Se trata de una inflamación de las encías provocada principalmente por la acumulación de bacterias en la boca, especialmente cuando la higiene dental no es la adecuada.
La gingivitis comienza con la formación de la placa bacteriana, una película pegajosa que se deposita sobre los dientes. Esta placa se genera cuando las bacterias se mezclan con restos de alimentos ricos en azúcares y almidones. Si no se elimina correctamente mediante el cepillado diario, la placa se endurece y se convierte en sarro, una sustancia más resistente que se acumula, sobre todo, en la línea de las encías. El sarro actúa como refugio para las bacterias, favoreciendo la infección del tejido gingival.
En los niños, los síntomas más habituales son encías enrojecidas, inflamadas y que sangran con facilidad, especialmente al cepillarse los dientes. Aunque puede parecer un problema leve, no conviene restarle importancia. Si no se trata a tiempo, la gingivitis puede avanzar y derivar en enfermedades más graves y persistir, una vez producido el recambio dentario.
Existen varios factores que favorecen su aparición en la infancia. Entre ellos destacan una higiene bucal deficiente, el consumo frecuente de alimentos azucarados, la presencia de dientes mal alineados que dificultan la limpieza o incluso la respiración bucal, que reseca las encías y las hace más vulnerables.
La buena noticia es que la gingivitis en niños es reversible si se detecta a tiempo. Mantener una correcta rutina de cepillado, supervisada por un adulto, junto con revisiones periódicas al dentista, es clave para prevenirla. Actuar pronto no solo evita molestias, sino que protege la salud dental futura del niño.
Problemas de maloclusión en la infancia.
La maloclusión dental en niños es un problema relacionado con la alineación de los dientes y la forma en la que encajan las arcadas superior e inferior al cerrar la boca. Aunque a veces puede pasar desapercibida en sus primeras fases, esta alteración puede influir en funciones básicas como la masticación o el habla, además de tener un impacto en la apariencia de la dentadura del niño.
Existen diferentes formas en las que puede manifestarse. En algunos casos, la mordida es aparentemente normal, pero ciertos dientes crecen torcidos o descolocados. En otros casos, los dientes superiores sobresalen en exceso respecto a los inferiores, lo que se conoce como sobremordida. También puede ocurrir lo contrario, que la mandíbula inferior quede más adelantada, generando dificultades al masticar y un perfil facial más marcado. Hay situaciones en las que los dientes delanteros no llegan a tocarse al cerrar la boca, lo que complica la mordida, o casos en los que algunos dientes superiores encajan por dentro de los inferiores, algo que no es habitual y que puede provocar desgaste.
Las causas de la maloclusión suelen ser variadas. La genética tiene un peso importante, ya que es frecuente que estos problemas se repitan dentro de una misma familia. Sin embargo, también influyen ciertos hábitos infantiles, como el uso prolongado del chupete o chuparse el dedo, que pueden desplazar los dientes de su posición natural. La pérdida prematura de dientes de leche, los golpes en la boca o incluso una dieta basada en alimentos demasiado blandos también pueden afectar al desarrollo de la dentadura.
Detectar estos problemas a tiempo es fundamental. Una revisión odontológica en la infancia permite identificar señales tempranas y actuar antes de que la maloclusión se agrave. El tratamiento más habitual es la ortodoncia, adaptada a cada caso concreto. En este sentido, la doctora Nadia Fernández señala en El Confidencial Digital que es imprescindible realizar un estudio individualizado, aunque en general ella considera que la edad más adecuada para iniciar el tratamiento de ortodoncia suele situarse entre los 11 y 12 años, cuando el recambio dental está prácticamente terminado.
Los traumatismos dentales.
Los traumatismos dentales en la infancia son un suceso frecuente. Es normal que los niños se rompan o se hastíen los dientes jugando o por recibir un golpe. Cuando esto sucede, los padres no debemos alarmarnos, pero tampoco pasar del tema.
Dice la revista Gaceta Dental que 1 de cada 3 traumatismos dentales en niños ocurre durante la práctica de deporte. Los niños se entregan a la actividad que están realizando y no ponen cuidado en protegerse frente a sufrir algún daño. Daño que puede afectar a su dentadura.
Los traumatismos dentales en la infancia afectan con mayor frecuencia a los incisivos superiores, especialmente a los centrales, que representan la mayoría de los casos. En menor medida, también pueden verse implicados los incisivos laterales superiores y, más raramente, los inferiores. Este tipo de lesiones suele ocurrir por caídas o golpes mientras se juega o se practica ejercicio físico.
Cuando se produce un accidente, es habitual que los padres acudan primero al pediatra. Sin embargo, si hay un traumatismo dental, es fundamental acudir cuanto antes al odontólogo para valorar el alcance del daño y determinar si es necesario un tratamiento urgente.
Las lesiones más comunes son las fracturas del esmalte o del esmalte con dentina, seguidas de la subluxación (movilidad del diente) y la avulsión, que implica la pérdida completa del diente. Aproximadamente un 10% de las alteraciones en dientes permanentes están relacionadas con traumatismos en dientes de leche, especialmente en niños pequeños.
La fluorosis dental.
La fluorosis dental en niños es una alteración del esmalte que aparece cuando existe una exposición excesiva al flúor durante los primeros años de vida. Suele desarrollarse entre el año y medio y los 3 años, una etapa en la que los dientes todavía se están formando dentro de la encía. Durante este proceso, un exceso de flúor puede interferir en la correcta mineralización del esmalte.
El esmalte es la capa externa del diente y la más dura del organismo. Su función es proteger las piezas dentales frente a las caries y el desgaste diario. Cuando se produce fluorosis, este esmalte no se forma de manera uniforme, lo que puede dar lugar a manchas blanquecinas, líneas finas o pequeñas irregularidades en la superficie del diente. En casos más avanzados pueden hacer que el esmalte dental sea más débil.
La causa principal de la fluorosis es la ingesta continuada de flúor en cantidades superiores a las recomendadas. Esto puede ocurrir por el uso de dentífricos no adecuados para la edad del niño o por la tendencia a tragar la pasta de dientes durante el cepillado. También pueden influir, en menor medida, el consumo de alimentos y bebidas con alto contenido en flúor. En España, el agua potable no suele ser una fuente habitual de exceso de flúor.
El tratamiento de la fluorosis depende de su gravedad. En los casos leves, no suele requerir intervención más allá del control de odontopediatra. Cuando las manchas son más visibles, existen soluciones estéticas como el blanqueamiento dental adaptado a niños.