Todo el mundo conoce la caries y sabe cómo evitarla o qué aspecto presenta, aunque no la padezca. De hecho, a lo largo de la vida, lo raro es no sufrir de caries en algún momento. Se trata de uno de los problemas dentales más habituales tanto en la infancia como en la edad adulta. Prevenirla es más sencillo de lo que parece y su tratamiento suele ser igualmente sencillo y bastante eficaz.
Los expertos en odontología, es decir, los dentistas, saben y nos hacen saber que las caries dentales son uno de los problemas dentales más frecuentes y evitables al mismo tiempo. Estas lesiones son las que destruyen el esmalte y la dentina de los dientes, a consecuencia de unas bacterias que transforman los azúcares que ingerimos en ácidos. Lo más habitual es que se produzcan de forma silenciosa, sin presentar dolor o molestias aparentes hasta que afectan a las capas más profundas del diente.
Conocer su origen, los síntomas que presentan, los tipos y la mejor manera de prevenirlas es fundamental para mantener una salud oral de diez. Teniendo esto presente, hemos decidido profundizar en todo lo que se relaciona con las caries dentales y abordar lo que son, cómo se forman y los tratamientos que se pueden realizar cuando su prevención no ha sido posible.
Un diente picado, en lenguaje vulgar, es un diente que presenta una caries. Una caries es una enfermedad infecciosa que afecta a los tejidos duros de los dientes. Los tejidos duros son el esmalte y la dentina. Esta infección se produce a causa de las bacterias que se encuentran presentes en la placa bacteriana, una película pegajosa que se va acumulando en los dientes cuando no se limpian de la forma correcta. Hasta aquí, todos sabemos cómo funciona, pero sigamos adentrándonos en el mundo de la caries.
Formación continua de cada tipo de caries
Nada como consultar con un profesional para conocer algo en particular. Nos hemos puesto en contacto con Dental Médica, con una experiencia de más de treinta años que le permite adaptarse a las necesidades de cada paciente y perfeccionar un trato único para convertir la experiencia en algo poco traumático, aunque se trate de una simple caries. Sus profesionales nos han explicado que las bacterias de la placa bacteriana se alimentan de los restos de comida que van quedando en la cavidad oral, sobre todo de los azúcares. El resultado del metabolismo que realizan estas bacterias genera ácidos que desmineralizan el esmalte dental, creando pequeños orificios que con el paso del tiempo se van agrandando y profundizando, lo que da como resultado la caries.
Aquí es donde todos nos sorprendemos: caries hay más de una. Dependiendo de la zona del diente en la que se produzca, se trata de un tipo u otro, por lo que podemos padecer caries de esmalte, de dentina, radicular, interdental o debajo de una corona o puente.
La más común es la caries del esmalte, que afecta únicamente a la capa superficial del diente. En esa fase no suele producir dolor, pero de no ser tratada, puede evolucionar hacia tipos de mayor gravedad y afectar a la salud y la estética dental.
Cuando afecta a la dentina, la capa que se encuentra debajo del esmalte, nos encontramos con la caries de dentina, que puede producir sensibilidad al frío, al calor o a los dulces.
Si la caries se produce en la raíz del diente que queda expuesta cuando existe retracción de las encías, los profesionales hablan de caries radicular. Este tipo de caries es muy doloroso y requiere de un tratamiento urgente.
Los lugares de difícil acceso para el cepillo de dientes pueden sufrir caries interdental, es decir, entre los dientes. Y cuando se produce debajo de las coronas o los puentes dentales a causa de la acumulación de placa bacteriana en el margen gingival, tenemos una caries en el borde que existe entre la corona o el puente y la encía.
Durante sus primeras etapas, la caries puede no presentar síntomas de ningún tipo. Es a medida que avanzan cuando pueden provocar sensibilidad al frío, al calor o a los dulces, dolor de muelas, cambio de coloración en el diente, mal aliento, dificultad para masticar y, en los casos de mayor gravedad, la pérdida del diente.
Las fases que sigue el desarrollo de la caries son las que citamos a continuación:
- Formación de la placa bacteriana: Si la placa no se retira como es debido con el cepillo y el hilo dental, los ácidos que produce empiezan su ataque al esmalte.
- Afectación de la dentina: Si la progresión de la lesión no se detiene, los ácidos llegan a la capa intermedia del diente, la dentina, produciendo sensibilidad. En este punto es cuando la caries empieza a manifestarse, produciendo dolor y sensibilidad.
- Invasión de la pulpa: Si no se pone remedio y se recurre a un tratamiento adecuado, la caries avanza hacia la pulpa dental, donde se encuentran los nervios. En este punto, la infección provoca un dolor más intenso.
- Absceso dental: De no tratarse la infección de la pulpa, se puede propagar y afectar a los tejidos más profundos como el hueso y el periodonto. Aquí se puede formar un acceso dental que produce más dolor y puede conllevar la pérdida del diente.
De manera que la caries es un problema muy simple que puede terminar en un problema bastante importante, por lo que proteger la dentadura de esta patología es indispensable.
Factores que aumentan el riesgo y tratamientos
Cualquier persona, de cualquier edad y condición, puede desarrollar una caries. No obstante, existen algunos factores que aumentan esa predisposición a padecer caries en los dientes.
La edad afecta en determinados casos. En los más pequeños, debido a que su esmalte es inmaduro, sus hábitos de higiene son irregulares. En el caso de las personas mayores, puede deberse a la retracción de las encías y, en determinados casos, a los malos hábitos de higiene dental.
Aspectos como la dieta influyen notablemente: un consumo habitual de azúcares, carbohidratos refinados y bebidas ácidas; el picoteo o la ingesta de snacks entre las comidas… Son los aliados perfectos para la producción de la placa bacteriana que desemboca en una caries.
Factores relacionados con la salud bucal, como una higiene oral insuficiente, el uso incorrecto del cepillo o no utilizar el hilo dental o las malposiciones dentales que dificultan una buena limpieza, pueden contribuir a la producción de caries.
Cabe señalar que determinadas condiciones médicas, como la boca seca, una baja producción de saliva o el consumo de determinados fármacos que alteran el pH bucal o aumentan el riesgo de caries, deben tenerse en cuenta para prevenir su aparición.
Los tratamientos para la caries se determinan en razón de la gravedad de la misma. Hace unos cuantos años, el empaste se hacía de forma indiscriminada en determinados casos, sin tener muy presente la magnitud de la caries. Limpiaban y tapaban, a veces demasiado. A día de hoy, existen varios niveles de tratamiento en función del tipo de caries y su gravedad.
Cuando la caries se encuentra en el esmalte o la dentina, se realiza una obturación dental. En primer lugar, el dentista elimina el tejido dental dañado; a continuación, limpia y desinfecta la zona afectada y, por último, rellena el orificio con un material biocompatible como la resina o la amalgama. En la actualidad, lo más utilizado es la resina, ya que presenta un color similar al diente y resulta más estética. La amalgama es más resistente y económica, pero su color metálico no resulta tan atractivo.
El tratamiento con endodoncia o “tratamiento de conducto” se lleva a cabo cuando la caries llega a la pulpa del diente, el tejido blando que se encuentra en el interior del diente. La pulpa dental contiene los nervios y los vasos sanguíneos de los dientes, por lo que, de infectarse, produce un dolor muy intenso.
Este tratamiento consiste en la eliminación de la pulpa dental infectada y el sellado de los conductos radiculares, los canales en los que se encuentra la pulpa. Lo primero que hace el dentista es una apertura para acceder a ella, limpiar y desinfectar los conductos radiculares y finalizar sellando los conductos con el material biocompatible adecuado.
Por último, tenemos el tratamiento más radical: la extracción dental. Esta opción es la última y se recurre a ella cuando el diente se encuentra muy dañado o los otros tratamientos no resultan eficaces, como cuando la caries ha destruido parte de la pieza dental o existe una infección grave en la raíz. Se trata de un procedimiento quirúrgico que se realiza bajo anestesia local.
No podemos finalizar sin recordar que lo mejor para combatir la caries es la prevención y para ello basta con seguir una serie de pautas de sobra conocidas: cepillarse los dientes dos veces al día, al menos dos minutos; utilizar el hilo dental una vez al día; llevar una dieta baja en azúcares limitando el consumo de bebidas azucaradas o zumos; y visitar al dentista de forma regular para hacer la revisión y una limpieza dental profesional cuando sea necesario.