Las saunas llevan con el ser humano desde hace muchos siglos, pero en estos últimos años vuelven a cobrar protagonismo como herramienta de salud y bienestar. No estamos ante un “simple capricho de spa”, sino que es un recurso que, si se usa con criterio, nos puede ayudar a relajarnos, a cuidar el sistema cardiovascular y a que mejore algo tan importante como la sensación general de recuperación física. Eso sí, hay que recordar que el calor intenso no es para todo el mundo ni vale para cualquier momento.
¿Qué es una sauna y qué la diferencia de pasar calor?
Lo primero que podemos decir es que, en un primer momento, una sauna no parece algo espectacular. Hablamos de una habitación pequeña, revestida por lo general de madera, en la que hay una fuente de calor que hace que aumente la temperatura hasta unos niveles bastante altos. El caso es que no consiste en aguantar calor sin más; hablamos de que se provoca una respuesta controlada por parte del organismo.
¿Qué es lo que ocurre en la clásica sesión de sauna?
Estamos ante un ambiente en el que la temperatura del aire es más elevada de lo normal. El cuerpo reacciona de tal forma que aumenta el flujo sanguíneo hacia la piel para intentar que se disipe el calor. Se comienza a sudar con intensidad, lo que es de gran ayuda para que se regule la temperatura interna.
Las reales diferencias que hay respecto de estar en un día sofocante de verano son que se ha diseñado para que el calor se ofrezca de manera estable, en un entorno controlado, por un tiempo limitado, de tal manera que pueda salir en cualquier momento. No se busca un estrés extremo, sino un estímulo manejable.
Tipos de sauna
Al hablar de sauna, lo que ocurre es que, como nos comentan los profesionales de Saunas Luxe, se suele pensar en la versión clásica finlandesa, pero en la actualidad conviven varios tipos. Comprenderlas nos ayuda a escoger la que mejor encaje con cada persona.
Sauna finlandesa o tradicional
Estamos ante la imagen más clásica: habitación de madera, bancos a diferentes alturas y una estufa que tiene piedras calientes. El aire está bastante caliente y seco, aunque se le puede añadir algo de humedad si se vierte agua sobre las piedras.
La temperatura se mueve en altos rangos, los cuales llegan a superar los 80 grados en algunos casos.
La sensación es de calor envolvente, con sudor rápido, pero sin que haya la sensación pegajosa de humedad muy elevada. Es el tipo que más asociamos a los rituales de toda la vida, los cambios de temperatura bruscos y sesiones alternadas con agua fría.
Baño de vapor o “hammam”
Aquí el protagonismo pasa a ser de la humedad. La temperatura del aire es más baja que la de la sauna seca, pero la concentración del vapor de agua es bastante elevada. El resultado es que el calor se va a percibir de otra forma: será menos agresivo por temperatura, pero de mayor intensidad por la sensación de humedad constante.
Es una clase de sauna que bastantes personas suelen encontrar más agradable en un principio, puesto que el aire no da esa sensación tan abrasadora. Lo que ocurre es que el entorno invita más a una relajación lenta, a quedarse tumbado o sentado en superficies calientes, en las que la piel siempre estará húmeda.
Saunas de infrarrojos
Esta es la incorporación más reciente. En vez de calentar tanto el aire, se usan emisores de infrarrojos que lo que hacen es actuar de forma directa sobre el cuerpo. La temperatura ambiente es más moderada que en las saunas clásicas, pero en los paneles de infrarrojos hay una sensación de calor profundo.
La experiencia cambia
No se va a percibir tanto el golpe de aire caliente, pero sí que el cuerpo comienza a sudar y la sensación de relajación muscular puede ser de gran intensidad. Se presenta como opciones de mayor suavidad para los que no toleran bien las temperaturas elevadas.
Efectos sobre el cuerpo: qué pasa por dentro
Además del confort o de esa sensación de “desconexión”, la sauna lo que hace es provocar una serie de respuestas fisiológicas bastante claras y comprenderlas es de gran ayuda de cara a poder usarlas con un mayor criterio.
Sistema cardiovascular
Cuando se entra en la sauna, la temperatura en la piel comienza a subir. El organismo lo que hace es reaccionar, de tal forma que se dilatan los vasos sanguíneos periféricos, lo que ayuda a que la sangre se aproxime a la superficie y ayude a que se libere el calor. Todo ello provoca:
Aumento moderado de la frecuencia cardíaca
Se puede decir que es como si el cuerpo hiciese un ejercicio bastante suave. El corazón, lo que ocurre es que trabaja algo más, pero no a un nivel de esfuerzo de gran intensidad. Este entrenamiento ligero puede que tenga efectos si se hace regularmente y en personas sanas.
Sudoración y regulación térmica
Sin duda alguna, el protagonismo del sudor es evidente. Cuando sudamos, el cuerpo usa la evaporación para perder calor y evitar así que se dispare la temperatura. El sudor no es por él mismo una manera de eliminar toxinas que haga milagros, pero sí que ayuda a que se regule el equilibrio de líquidos y que el propio cuerpo se acostumbre al estímulo.
Por todo ello, cuando se salga de la sauna, lo más habitual es que se sienta:
- Una ligera sensación de cansancio, parecida a la que dejan algunos ejercicios suaves.
- Piel bastante húmeda y una gran sensación de alivio cuando se cambia a un entorno más fresco.
Este proceso demanda que el cuerpo tenga una hidratación lo suficientemente buena. Si se entra en la sauna habiendo bebido poco o después de haber hecho un esfuerzo sin que se hayan repuesto líquidos, no estamos ante una buena idea.
Este proceso exige que el cuerpo disponga de suficiente hidratación. Entrar en la sauna habiendo bebido muy poco o tras un esfuerzo intenso sin reponer líquidos no es buena idea.
Músculos y sistema nervioso
El calor tiene un efecto bastante relajante sobre la musculatura. Lo que ocurre es que las fibras se distienden, la sensación de rigidez es menor y aparece una percepción de menos molestia en las zonas más cargadas. Esto explica la razón por la que bastantes personas usan la sauna como un buen complemento después del entrenamiento o al acabar el día.
Respecto al sistema nervioso, el entorno en la sauna nos invita a bajar revoluciones: luces suaves, silencio o una conversación tranquila y el no poder estar mirando las pantallas de manera continua. Estamos ante un paréntesis obligatorio que puede ser de ayuda a la hora de desconectar.
Posibles beneficios en la salud
Cuando hablamos de beneficios, lo mejor es exigir siempre prudencia: la sauna no es una medicina ni una solución mágica. El caso es que hay varias áreas en las que parece que aporta mucho valor dentro de un estilo de vida sano.
- Bienestar general y reducción de estrés.
- Sensación de recuperación física y muscular.
- Mejora de la calidad del descanso en algunas personas que la usan al final del día.
- Proporciona un apoyo ligero al sistema cardiovascular, parecido al de los paseos suaves o actividades ligeras para las personas sanas.
Se dice que es vital incorporarla como complemento, no como sustituto de otras costumbres básicas como puede ser una buena alimentación, el ejercicio regular o un descanso suficiente.
Contraindicaciones y precauciones
Hay que pensar que el calor intenso no es algo que sea inocente. Antes de que la sauna pase a ser una costumbre, es necesario que estén claros algunos límites.
Veamos los casos en los que es obligatorio consultar con los profesionales sanitarios antes de usarla:
- Problemas cardiovasculares significativos
- Enfermedades cardiovasculares de importancia
- Patologías crónicas no controladas
- Embarazo, especialmente avanzado
- Los episodios que sean previos a un síncope o pérdidas de conocimiento que estén relacionados con el calor.
Hasta en las personas que estén saludables, es fundamental:
- Acceder a la sauna con buena hidratación, sin que se tenga sensación de sed intensa.
- Evitar sesiones muy largas o encadenar varias sin descanso.
- Salir en cuanto se note mareo, náuseas o malestar.
- No se debe mezclar sauna con un consumo excesivo de alcohol.
¿Cómo integrar la sauna en una rutina de salud?
Los que deseen incorporar la sauna a su vida desde un enfoque más sano, puede que les valga una serie de pautas generales:
Frecuencia
No hay una cifra universal, pero hay bastantes personas a las que les vale con tener:
Del orden de una o dos sesiones semanales.
En esos días en los que el cuerpo no se ve sometido a esfuerzos extremos.
Una o dos sesiones a la semana.
La regularidad moderada es bastante más útil que en los periodos en los que se usa en exceso y después se abandona totalmente.
Momento del día
Aquí depende del objetivo que tengas. Si estás buscando relajación y descanso, el uso de la sauna al final de la tarde encaja bien.
Si se desea ayudar a la recuperación después de entrenar, es posible usarlo después de una sesión de ejercicio, de tal forma que se deje un tiempo para que se bajen las pulsaciones antes de entrar.
Algo que funciona peor es utilizarla a primera hora de la mañana sin comer ni beber nada, en esos momentos en los que el cuerpo necesita estar en total alerta.
Duración de la sesión
Se debe comenzar con tiempos cortos, entre 8 y 10 minutos, lo que puede ser una magnífica idea. De la misma forma, es posible descansar fuera, en un entorno bastante más fresco, y escuchar las señales del cuerpo.
Partiendo de ahí, los que estén ya acostumbrados pueden ajustar tiempos, pero siempre sin que se fuercen los límites.
Existen algunos rituales en los que se alternan varios ciclos de descanso y sauna. El patrón en concreto va a depender de la clase de sauna y de la tolerancia a nivel personal.
Saunas en gimnasios, spas y hogares
Actualmente, la sauna la podemos encontrar en bastantes contextos:
Gimnasios y centros deportivos lo que hacen es ofrecerla como complemento al entrenamiento.
Existen spas y hoteles que la incluyen en circuitos de bienestar, junto a piscinas y demás elementos.
Hay viviendas, en sitios en los que la cultura de la sauna está más asentada, en las que se pueden encontrar en las instalaciones domésticas.
Los entornos tienen su propia dinámica. En los gimnasios, lo normal es que la sauna se utilice más rápidamente después de una sesión de ejercicio. En los spas, se integra en un circuito bastante más largo, con paso por las diferentes estaciones de agua y temperatura.
De todos modos, lo mejor es respetar una serie de normas básicas en materia de uso y convivencia, como por ejemplo entrar con toalla, mantener una higiene correcta, así como evitar conversaciones en las que se haga mucho ruido y no extender la estancia en el caso de que haya gente esperando.
Saunas y cultura: más que un hábito puntual
Hay países en los que la sauna es algo cotidiano y no se ve como un lujo, pues se puede decir que es casi un espacio social para compartir tiempo con amigos, familia, etc.
No hace falta que se adopten costumbres de otros sitios exactamente, pero sí es bueno adoptar una visión similar para que se vea que la sauna es un momento de pausa y conexión, no solamente algo reservado a las vacaciones.
Estamos ante una herramienta útil, siempre y cuando se respete
Las saunas son un entorno de gran calor, que suele provocar respuestas claras para el organismo. Si se usa bien, es una herramienta bastante interesante que cuida nuestro bienestar y que apoya la recuperación física, siempre de cara a encontrar momentos de tranquilidad en un mundo acelerado. Si se usa mal, es posible que sea un riesgo innecesario o una fuente de incomodidad.
Recuerda que la sauna no debe verse ni como una obligación ni como una moda de carácter pasajero. Estamos ante un recurso más y cada uno de nosotros puede optar por él o no, pero los beneficios que proporciona están ahí.