JOAN RIPOLLLÉS: Uno hace lo que puede y le dejan. Si un amigo te invita a derramar tus letras en un libro de poemas, pues ahí que te metes, aunque tengas dudas sobre si eso que escribes es o no poesía. Y, por otra parte, hoy resulta más fácil que te publiquen un ensayo que pura ficción. Yo me siento más fabulador que otra cosa, entendiendo la fabulación como una extensión de la verdad a través de mentiras sinceras.
FGR: A mi tu libro me parece una pasada, simpática y bien escrita, que, entre otras cosas, reivindica la libertad de los adolescentes en un mundo que los aplasta desde la infancia de una manera salvaje y cada vez más hipócrita...
JR: Me alegra que te resulte simpático, porque hay quien se ha escandalizado o se ha dolido. La pureza de la niñez choca de lleno con los intereses creados al llegar la adolescencia, y las historias que reflejan esta colisión, siempre me han atraído, tanto en el cine como en la literatura. La raíz primera de Quemar el cielo no era otra que escribir una historia de amour fou en la que los jóvenes amantes se vieran capaces de acometer cualquier acción, por horrenda que parezca o sea, con el fin de salvaguardar su amor primigenio. Un impulso por un lado transgresor pero, por otro, muy conservador, supongo; en todo caso un aliento inicial que me temo que mi escritura ha acabado traicionando a partir de la irrupción, bastante temprana, de un tercer personaje en litigio.
FGR: ¿Qué autores influencian más tu oficio?
JR: En lo que escribo influye tanto la literatura, como la vida, el cine o la música. En este caso, más que autores, mencionaría libros concretos, literatura obsesiva y de encierro. Cualquiera puede apreciar la bastardía debida a Les enfants terribles de Cocteau, Una novelita lumpen de Bolaño o La bestia rosa de Umbral, así como el inapelable eco lejano de La historia del ojo de Bataille -que leí hace muchos años en catalán- retazos de Sade o Pierre Louys, historias de El Víbora, películas como el Bonnie and Clyde de Arthur Penn o de Mi vida como un perro de Lasse Hallström, o eso creo. Pero lo que es la voz, la personalidad –por llamarla de algún modo- literaria, creo que me fluye de más atrás y más abajo, de autores a los que siempre vuelvo y determinan un cierto ritmo mental y de concatenación de imágenes: Manrique, el Lorca iracundo y desamparado de Poeta en Nueva York, los poetas del tango, Yupanqui, Arlt, Horacio Quiroga...
“Los alemanes están consiguiendo con la Unión Europea lo que no lograron con Hitler” (J.Ripollés)
FGR: ¡Menuda entrevista te marcas en El Butano con Javier Gurruchaga! ¿crees, cómo deduzco de su lectura, que estamos desde hace tiempo entrando en una clara corriente involutiva de la cual aún no hemos apurado las heces?
JR: Gurruchaga es un ídolo de adolescencia. Me alegró la pubertad con su circo augusto de sexo, música, amor y fantasía, y uno tiende a mitificar sus años mozos. Me asombra ver que mucha gente ha olvidado que en aquellos primeros ochenta también nos la metieron doblada con la monserga de la crisis, que el currante iba al taller un lunes por la mañana y se encontraba con que el patrón había desmantelado la fábrica para abrir otra, con total impunidad y la mitad de personal, a cuatrocientos metros. Quizá sea verdad que en aquellos años hubiera más desparpajo, mayor frescura en lo artístico y cultural, pero también había paletadas de pura apariencia. Eso de la evolución y la involución es muy relativo, lo que me parece incuestionable es que nos estamos dejando arrebatar derechos fundamentales y que los alemanes consiguen con la Unión Europea lo que no lograron con Hitler.
FGR: ¿Qué andas preparando ahora?
JR:Después de derrochar litros de flujo y semen en esta novela, me prometí escribir una historia en la que quedara desterrado el sexo en la medida de lo posible. En esas ando y en otras mil cosas que quieren sacarme de pobre. En todo caso, tendré que hacer un alto para tratar de difundir un poco Quemar el cielo, puesto que la editorial no se está tomando la molestia de hacerlo. La cultura de la subvención favorece que ciertos editores se contenten con cubrir las apariencias, llenando el almacén con el material que paga la administración y que queda muy bonito sacar envuelto entre sonrisas y pajaritas, al calor etílico y pecuniario de los cócteles oficiales.
Joan Ripollès Iranzo (Sabadell, 1971) ha incursionado, con lo puesto, en proyectos audiovisuales, radiofónicos, periodísticos y editoriales de todo pelaje. Ha impartido clases de guión, narrativa y periodismo en distintas universidades y en el Instituto Oficial de Radio y Televisión Española. En la actualidad escribe en la Revista Rinconete del Instituto Cervantes; dirige y presenta un programa radiofónico apocalíptico (La Cançó de la Fi del Món) y busca su sustento a la manera de los desertores de la moral de la España de Felipe IV.





